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Mujer rural sembrando nuevos horizontes

Mujer rural de Puno

A cuatro días de haberse conmemorado el Día Internacional de la Mujer Rural les presentamos a Adelma Quispe Condori, lideresa puneña con una visión clara de desarrollo para las mujeres de su comunidad.

“Mi madre me mandaba al cerro a pastear el ganado”, se transporta Adelma Quispe Condori hacia el pasado, hacia la década de los 90’, cuando el terrorismo y el abigeato se habían enquistado en su comunidad, en la provincia de Melgar como en muchas otras comunidades de Puno y otras regiones altoandinas.

“Mucho sufríamos la gente del campo. Veía pasar un avión, ahí yo pensaba ¿Algún día caminaré en ese avión? ¿Algún día llegaré a Lima? ¿Algún día seré como autoridad para defender los derechos de la mujer, para poder defender los derechos del campesino, para que no suframos?”. Sus reflexiones de niña rural, pobre, quechua hablante, con escasas oportunidades fueron el motor para esforzarse por tener un lugar dentro de su comunidad.

Han pasado más de 25 años y hoy Adelma convertida en fiscal de la asociación provincial “Mujeres de Melgar” y lideresa de la asociación de mujeres productoras agroecológicas “Flor del mundo” se sigue cuestionando sobre el rol que le toca cumplir en un entorno aún machista y desigual. ¿Acaso en el campo, las niñas rurales no tienen que seguir llevando sus ovejas a pastear y tienen que lidiar con situaciones alarmantes como los abusos sexuales y el trabajo doméstico que linda con la explotación? Ciertamente esta situación las condiciona a una vida sin ilusiones, sin expectativas de superación.

Adelma consiguió terminar su secundaria, y aunque en la ciudad puede ser una normalidad, para ella, una mujer rural con una serie de desventajas, es todo un logro y motivo de orgullo. Un ejemplo de cómo cambia el panorama de género entre el campo y la ciudad, nos lo da el Inei, octubre 2016: “En el área rural, las madres adolescentes o embarazadas por primera vez alcanzan el 22,5%, cifra mayor en 11,7 puntos porcentuales comparado con el área urbana (10,8%)”.

Por su parte, la Defensoría del Pueblo pone en evidencia otras brechas de género: la tasa de analfabetismo afecta al 9,6% de las mujeres peruanas de 15 a más años de edad ─cifra tres veces superior a la de los hombres; 7 de cada 10 mujeres entrevistadas, entre 18 y 29 años de edad, ha sido afectada por alguna modalidad de acoso en el espacio público; además, el 89% de denuncias por violencia familiar tiene a la mujer como víctima y mensualmente un promedio de 9 mujeres fallecen víctimas de feminicidio. Esto sin mencionar que en el ámbito laboral, por un mismo tipo de trabajo se remunera más a un hombre que a una mujer, y en la participación ciudadana y política la mujer aún va por muy por detrás en la asunción de cargos públicos, así como en la dirección de espacios de toma de decisión.

Mujer rural tendrá espacio en nuevo proyecto de género

Mujer rural

Teresa Godoy, representante de la Fundación Ayuda en Acción, anunció el inicio de proyecto de género en Cusco y Puno que llevaremos a cabo con el apoyo de nuestras socias locales Arariwa, Wara y Desco.

Adelma es consciente que aún hay mucho trecho por recorrer para trazar la cancha en igualdad de condiciones. Por eso mismo se pone en la piel de sus hermanas del campo y celebra el inicio del proyecto: “Fortalecimiento organizativo y empoderamiento social y político de las mujeres indígenas del sur andino peruano” que entró en ejecución el mes pasado y que por dos años impulsará la Fundación Ayuda en Acción en la provincia de Melgar (Puno) y en las provincias de Anta y Chumbivilcas (Cusco), con el auspicio de AACID (Agencia Andaluza de Cooperación Internacional para el Desarrollo).

“Sé cómo se sufre cuando no tenemos nuestros derechos, hemos sido pisoteadas, hemos sido humilladas, sumisas, pero ahora no, yo digo que las mujeres tenemos que participar. Hay que llegar a las comunidades más lejanas porque muchas mujeres siguen siendo pisoteadas, siguen siendo discriminadas, siguen sufriendo violencia”, asegura Adelma. La firmeza de su voz trasluce la responsabilidad de una lideresa que asume el compromiso de impulsar acciones de incidencia para que más mujeres rurales salgan del ocaso y se hagan visibles en la sociedad.

Los principales objetivos este proyecto de género son: reforzar las capacidades de las mujeres andinas en busca de su independencia económica, promover la asociatividad para que puedan competir en el mercado, reconocer el aporte y participación de la mujer en la economía de los cuidados, y sensibilizar tanto a hombres como mujeres para reducir la violencia de género.

“Este proyecto nos permite empoderarnos, fortalecernos para poder participar en espacios políticos, para que no seamos utilizados, para poder fiscalizar. Nos sentimos orgullosas de poder trabajar con ustedes. Queremos que este proyecto tenga resultados, que no sea por gusto este proyecto”, culmina Adelma, una mujer rural de Puno.

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